Descripción
Mire mis manos. Estaban sucias. Todos los colores se arremolinaban en mi palma, como una paleta. Solo tenia eso para dar, solo mis manos creadoras.
Y por un momento tuve miedo. Miedo de verlas, alguna vez limpias, de poder ver todos sus recodos y sus surcos. Me aterraba la idea de que alguien me viera así, tan frágil y vulnerable. Tan descolorida y carente.
Entonces empecé a buscar. Primero busque afuera. Pregunte a la gente. No me contestaron. Mire en las vidrieras y en los bancos. Pregunte en el correo y en el registro de propiedad. No encontré nada.
Huí entonces a mi interior. Y fue allí donde la encontré. Allí encontré el polvo de la vida, la escancia del espíritu, que no conoce el ocaso y es tan vieja y fertil como la tierra misma. Entonces descubrí que no estaba desnuda, sino que Ella me cubría, me rodeaba y me llenaba. A sol y a sombra, me seguía y cuando trataba de escapar se señia a mi, con mas fuerza. Guiaba mi espíritu y mi mano derecha. Ella era mi imaginación y el hálito de mi existencia.
Y del pincel comenzo, así, a brotar la sabia de la vida, de mi vida. Creada de la desnudez plena , de la soledad fecunda y de la compañía amada. |